El oficio de ganadero bravo es una mezcla sutil de ciencia y alquimia.

Los vaqueros a caballo vigilan cada día el largo proceso de preparación del toro, cuyo combate en la plaza es el resultado final.
La prueba fundamental de la selección, en la plaza privada, es la tienta. Toreadas por un profesional, las mejores becerras se convertirán en madres reproductoras. Es en este laboratorio natural que la sensibilidad del ganadero se plasma. A la edad adulta, después de 5 años de felicidad, el toro parte hacia su destino, para mostrar las cualidades de su raza, casta, bravura y nobleza.
Por fin expresa el comportamiento que tenía guardado en lo más profundo de sus entrañas.