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Al
noroeste de Sevilla, enmarcada por un sereno paisaje de limpios cielos,
se levanta Mirandilla.
Su entorno es una sucesión de suaves colinas, alegradas por encinas,
eucaliptos y acebuches.
La finca tiene una extensión de 625 hectáreas donde pastan
500 cabezas de ganado. Mirandilla es un reducto de vida en contacto con
la naturaleza, un remanso de paz y silencio. Sólo el misterio del
toro bravo rompe a veces esta tranquilidad.
En Mirandilla se rechaza lo folklórico. El cortijo, de más
de un siglo, tiene la fuerza de lo auténtico. La decoración
es la clásica de una casa campera. Ciudada, sobria, justa y verdadera.
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